Trump presiona a Omán en medio de la batalla por el estrecho de Ormuz

Imagen: clarin colombia
Donald Trump elevó la presión sobre Omán en medio de la tensión con Irán por el estrecho de Ormuz, una ruta vital para el petróleo mundial. Detrás de la amenaza hay una pelea geopolítica que expone la fragilidad de Washington en el Golfo.
Donald Trump volvió a mover el tablero en Medio Oriente al cargar contra Omán justo cuando el sultanato se acerca a un acuerdo con Irán sobre el tránsito por el estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles del comercio energético global. La molestia del presidente estadounidense no es un gesto aislado: refleja la irritación de Washington ante cualquier fórmula que reduzca su capacidad de presión sobre Teherán en una guerra de larga duración que ya desordena las alianzas en la región y golpea la credibilidad de la Casa Blanca.
Según informó clarin colombia, el foco de la disputa está en un corredor marítimo por donde pasa una parte decisiva del petróleo que abastece a Asia, Europa y también a la economía mundial. Omán, un país pequeño pero estratégicamente ubicado entre el mar Arábigo y el golfo Pérsico, ha sido históricamente un mediador discreto entre rivales irreconciliables. Que ahora explore un entendimiento con Irán sobre el paso por Ormuz no solo irrita a Trump: también sugiere que algunos gobiernos de la zona están buscando margen propio para sobrevivir en medio de la confrontación entre Washington y Teherán.
El trasfondo importa por una razón básica: el estrecho de Ormuz no es un detalle diplomático, es una válvula de seguridad para el mercado energético mundial. Cualquier tensión allí puede disparar precios, afectar cadenas de suministro y empujar a los gobiernos a reaccionar con más dureza militar o sancionatoria. En ese contexto, la amenaza de Trump contra Omán revela una estrategia conocida: castigar a quien se salga del libreto estadounidense, aunque eso implique empujar a aliados tradicionales a buscar salidas alternativas. La paradoja es evidente: cuanto más intenta Washington imponer control absoluto, más incentiva a actores medianos a moverse con autonomía.
Para la gente de a pie, especialmente en países importadores de energía como Estados Unidos y varias economías latinoamericanas, esta pulseada no se queda en la geopolítica abstracta. Un aumento en la tensión por Ormuz puede traducirse en combustibles más caros, inflación más persistente y mayor incertidumbre en los mercados. En otras palabras, la disputa con Omán no es una anécdota del poder en Washington; es un recordatorio de que la guerra en Medio Oriente sigue teniendo efectos directos en el bolsillo de millones de personas lejos del Golfo.

