Colombia trabaja mucho, pero produce poco: el reto que heredará el próximo gobierno

Imagen: BBC Mundo
Colombia arrastra una paradoja que condiciona su crecimiento: la gente trabaja muchas horas, pero la economía no convierte ese esfuerzo en más riqueza. Según BBC Mundo, la baja productividad será uno de los principales desafíos del próximo gobierno.
Colombia carga con una de esas contradicciones que explican por qué una economía puede moverse mucho sin despegar lo suficiente: millones de personas trabajan jornadas largas, pero el valor que generan no crece al mismo ritmo. Ese rezago en productividad, como advierten expertos citados por BBC Mundo, no es un problema técnico aislado sino una traba estructural que limita los ingresos de los hogares, frena la competitividad del país y reduce el margen de acción de cualquier gobierno que llegue al poder prometiendo más empleo y mejor calidad de vida.
El asunto no se resuelve simplemente pidiendo que la gente trabaje más. De hecho, el punto de fondo es justamente el contrario: Colombia ha sostenido durante años una economía donde el esfuerzo laboral no siempre se traduce en mayor producción por hora, mejores salarios ni empresas capaces de competir con fuerza en el mercado global. Esa brecha suele estar asociada a varios factores que se alimentan entre sí: alta informalidad, baja inversión en tecnología, debilidades en educación y formación para el trabajo, infraestructura insuficiente y una estructura empresarial dominada por unidades pequeñas que sobreviven con márgenes estrechos. En otras palabras, el problema no está solo en los trabajadores, sino en las condiciones en las que producen.
Por eso los expertos insisten en que la productividad debería estar en el centro de la agenda de cualquier presidente que quiera mover la aguja del ingreso nacional. Cuando un país produce poco por cada hora trabajada, el crecimiento termina siendo frágil y los aumentos salariales se vuelven difíciles de sostener. También se estrecha el espacio para recaudar más sin castigar al contribuyente, invertir en servicios públicos o financiar políticas sociales. En un escenario global cada vez más competitivo, donde la inversión llega a los países que ofrecen infraestructura, talento y reglas claras, Colombia no puede darse el lujo de seguir dependiendo de una economía intensiva en mano de obra pero pobre en valor agregado. El nuevo gobierno heredará, por tanto, una tarea que no se resuelve en un cuatrienio: cambiar la forma en que el país produce, innova y le paga a su gente.
La implicación para la ciudadanía es directa. Si la productividad no mejora, los salarios seguirán atrapados, la informalidad continuará absorbiendo a buena parte de la fuerza laboral y la promesa de crecimiento inclusivo seguirá postergándose. Ese es el verdadero costo político de este problema: no se nota en un solo titular, pero determina si Colombia avanza hacia una economía más sólida o se queda administrando su cansancio productivo.



