Constanza Michelson y la herida invisible de la época: cuando ganar sale demasiado caro

Imagen: infobae
Constanza Michelson acaba de publicar Microdramas, un ensayo en el que conecta el malestar cotidiano con la fragilidad moral de nuestra época. Desde el caso Epstein hasta la idea de que el futuro dejó de ser una promesa, la autora mira de frente cómo nos vamos deformando sin advertirlo.
Constanza Michelson pone el dedo en una incomodidad que atraviesa a la vida contemporánea: no siempre caemos por grandes tragedias, sino por pequeñas grietas que normalizamos hasta que ya es tarde. En su nuevo ensayo, Microdramas, la psicoanalista chilena sostiene que el pensamiento crítico muchas veces nace de un golpe inesperado, de esos hechos que obligan a revisar lo que dábamos por sentado. Su lectura parte de una premisa incómoda pero potente: somos más vulnerables de lo que creemos, y esa vulnerabilidad también puede volvernos cómplices de nuestras propias ruinas.
Según informó infobae, Michelson enlaza esa mirada con casos como el de Jeffrey Epstein, no para convertirlos en un morbo de actualidad, sino para pensar cómo operan la seducción, el poder y la ceguera social. Su planteo es que el daño no siempre se manifiesta de manera espectacular: a veces se instala en microdecisiones, en concesiones mínimas, en la costumbre de tolerar lo intolerable. Desde ese lugar, el ensayo se mueve entre la psicología, la crítica cultural y la observación social, con una tesis que incomoda porque apunta hacia adentro: no solo padecemos un sistema, también aprendemos a adaptarnos a él hasta deformarnos.
El libro llega en un momento en que el lenguaje del futuro parece haberse gastado. Michelson cuestiona precisamente esa idea de horizonte que durante décadas funcionó como motor de ascenso, progreso y expectativa, y afirma que ya no existe como promesa creíble. Esa pérdida no es solo simbólica: afecta la manera en que trabajamos, amamos, consumimos y soportamos la frustración. En una época marcada por la ansiedad, la precariedad y el rendimiento, la autora sugiere que muchas personas terminan arruinándose la vida por sostener una ganancia mínima, por defender una imagen, por no perder posición. Lo relevante de su lectura es que no moraliza: muestra un paisaje donde el costo psíquico de “ganar” puede ser mucho mayor que el de perder.
Microdramas también interpela a lectores de cualquier país porque habla de una cultura que se volvió experta en anestesiar alertas. Lo que Michelson describe no es una rareza chilena ni un episodio aislado de elite: es una forma de habitar la época en Estados Unidos, en Colombia y en buena parte de Occidente. En sociedades hiperexpuestas a la competencia, el éxito y la validación, el problema ya no es solo qué estamos dispuestos a hacer para avanzar, sino cuánto de nosotros mismos entregamos en el camino. Esa es, quizá, la pregunta más incómoda que deja el ensayo: si el futuro dejó de ser una promesa, ¿qué queda cuando todo se mide por la capacidad de resistir sin romperse?



