Estados Unidos

Trump reaviva su choque con Meghan Markle y respalda a la monarquía británica

Hace 3 horas
Trump reaviva su choque con Meghan Markle y respalda a la monarquía británica

Imagen: El País

Donald Trump volvió a cargar contra Meghan Markle y Enrique de Sussex al comentar su regreso al Reino Unido, aunque marcó distancia con la familia real británica. El presidente estadounidense reivindicó su cercanía con Isabel II y con Carlos III, en una mezcla de crítica personal y cálculo político.

Donald Trump aprovechó el regreso de Enrique y Meghan al Reino Unido para reactivar una vieja disputa con los duques de Sussex, a quienes lleva años atacando, especialmente a la exactriz, a la que acusa de haber sido “tremendamente irrespetuosa”. Pero el presidente estadounidense no se quedó solo en el ataque: también dejó claro que, si dependiera de él, la familia real británica no habría readmitido a la pareja, una frase que vuelve a poner en escena su gusto por intervenir en asuntos ajenos cuando le sirven para alimentar su narrativa pública.

Según informó El País, Trump recordó al mismo tiempo que mantuvo una relación “muy buena” con Isabel II y que conserva ese tono cercano con Carlos III. Esa doble jugada no es casual. Por un lado, refuerza su imagen de hombre que se lleva bien con las monarquías y con las élites tradicionales; por el otro, le permite golpear a Meghan Markle, una figura que para él representa el tipo de celebridad progresista y mediática que suele usar como antagonista. En esa lectura, Enrique queda en segundo plano: el blanco político y cultural sigue siendo Meghan, convertida desde hace años en una de sus dianas favoritas.

El episodio importa más allá del chisme real porque revela cómo Trump sigue utilizando cualquier tema, incluso uno aparentemente lejano a la política interna estadounidense, para marcar posiciones ante su base. La crítica a los Sussex le permite hablar de lealtad, jerarquía y respeto institucional, tres conceptos que conectan con su discurso sobre el orden y la autoridad. También muestra hasta qué punto la figura de Meghan sigue siendo un objeto de polarización transatlántica: para unos, símbolo de independencia frente a una monarquía rígida; para otros, una celebridad que rompió códigos y merece castigo simbólico. Trump, como pocas veces, se sube a esa grieta y la convierte en espectáculo político.

En el fondo, el comentario dice menos sobre los Sussex que sobre el propio Trump. Su manera de hablar de la realeza británica funciona como una extensión de su política de la confrontación: elogio selectivo para quienes considera útiles, desprecio abierto para quienes lo contradicen y una constante necesidad de convertir cualquier diferencia personal en una declaración pública. En un año en el que cada gesto cuenta, incluso una referencia a la familia real puede servirle para reafirmar su personaje ante votantes que premian la provocación y castigan la moderación.

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